Aprovechando los fines de semana soleados en que, a veces, puedo dedicarme a mis hijos, los más chicos me pidieron que los acompañe al Parque España.
Para su propia sorpresa había camas elásticas y uno de esos castillos inflables. En cuestión de segundos estaban a los saltos en una de las camas y mientras estaban en su mundo de diversión se aproximaron dos mujeres adultas con cuatro niños más pequeños que los míos.
Estos pequeños decidieron ir al castillo inflable mientras las dos mujeres que, por su aspecto, parecían la madre y abuela de algunos de ellos.
Sin haberme percatado de ello, mis dos hijos dejaron de saltar y se sentaron alejándose de estas mujeres, a lo cual les pregunté qué sucedía, explicándome que dado que el viento iba hacia ellos se sentían molestos por el humo del cigarrillo de las dos mujeres que hice mención.
Al observarlas me dí cuenta que muy cerca de los pequeños, propios y ajenos ambas no dejaban de fumar conjuntamente, tirándolos al pasto cuando se terminaron y para luego de un corto tiempo encender nuevos cigarrillos.
Pensé en ese momento ¡qué tristeza para esos niños que deben soportar la cobardía de los adultos ante un simple vicio que les consume la salud a ellos y a los que los rodean!
Por suerte se alejaron y mis hijos volvieron a su mundo de felicidad apenas empañado por estos adultos irresponsables.
Me quedé pensando en lo que debiera haber hecho de persistir la molestia de mis hijos ante esta insolencia de parte de los adultos que demuestran lo poco que les importa el prójimo.
Y Ustedes, ¿qué opinan?
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