Cuentan que una vez, una mujer se fue a confesar ante un sacerdote.
Le manifestó que había desparramado un chisme tan feo sobre una pareja, que había provocado el divorcio de ésta.
Le confesó al cura que ella no mataba, ni robaba. Simplemente le gustaba decir chismes, por lo tanto consideraba que la falta no era tan grave.
El padre le ordenó a la señora que hiciera algo muy sencillo. Tenía que comprar un gallo, luego subir al campanario y comenzar a quitarle las plumas una por una, y arrojarlas desde lo alto.
Cuando la mujer terminó de hacerlo, el presbítero le dijo que el siguiente paso era ir por las calles del pueblo y recoger las plumas.
La mujer respondió que eso era imposible pues el viento las había dispersado por todo el pueblo. Así es, le dijo el santo párroco.
De la misma manera, cuando usted le roba el honor a alguien, ya no se lo puede devolver, pues la crítica ha volado por todo el pueblo.
Del libro "Dios, Luz de mi mente", de Roberto Di Santo (mi tío abuelo).
lunes, 23 de agosto de 2010
El carro vacío
Con mi padre, transitábamos con un carro lleno de bosta de caballos para el horno de ladrillos.
En un momento detuvo la marcha en una curva. Luego de un pequeño silencio me preguntó: ¿además del cantar de los pájaros escuchaste alguna cosa más?
Agudicé mis oídos y algunos instantes después, le respondí.
Estoy escuchando el ruido de un carro, eso es, dijo mi padre, es un carromato vacío.
Entonces, le pregunté a mi padre ¿cómo sabe si es un carro vacío si no lo vemos?
Mi padre me contestó, es muy fácil saber cuando un carro está vacío porque hace mucho ruido.
Siendo adulto, cuando veo a una persona hablando demasiado; interrumpiendo la conversación de todos; juzgando o criticando a los demás; presumiendo de lo que tiene; sintiéndose prepotente y echando de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: "Cuanto más vacío está el carro, mayor es el ruido que hace".
Del libro "Dios, Luz de mi mente", de Roberto Di Santo (mi tío abuelo).
En un momento detuvo la marcha en una curva. Luego de un pequeño silencio me preguntó: ¿además del cantar de los pájaros escuchaste alguna cosa más?
Agudicé mis oídos y algunos instantes después, le respondí.
Estoy escuchando el ruido de un carro, eso es, dijo mi padre, es un carromato vacío.
Entonces, le pregunté a mi padre ¿cómo sabe si es un carro vacío si no lo vemos?
Mi padre me contestó, es muy fácil saber cuando un carro está vacío porque hace mucho ruido.
Siendo adulto, cuando veo a una persona hablando demasiado; interrumpiendo la conversación de todos; juzgando o criticando a los demás; presumiendo de lo que tiene; sintiéndose prepotente y echando de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: "Cuanto más vacío está el carro, mayor es el ruido que hace".
Del libro "Dios, Luz de mi mente", de Roberto Di Santo (mi tío abuelo).
domingo, 9 de mayo de 2010
Paseando por el parque España
Aprovechando los fines de semana soleados en que, a veces, puedo dedicarme a mis hijos, los más chicos me pidieron que los acompañe al Parque España.
Para su propia sorpresa había camas elásticas y uno de esos castillos inflables. En cuestión de segundos estaban a los saltos en una de las camas y mientras estaban en su mundo de diversión se aproximaron dos mujeres adultas con cuatro niños más pequeños que los míos.
Estos pequeños decidieron ir al castillo inflable mientras las dos mujeres que, por su aspecto, parecían la madre y abuela de algunos de ellos.
Sin haberme percatado de ello, mis dos hijos dejaron de saltar y se sentaron alejándose de estas mujeres, a lo cual les pregunté qué sucedía, explicándome que dado que el viento iba hacia ellos se sentían molestos por el humo del cigarrillo de las dos mujeres que hice mención.
Al observarlas me dí cuenta que muy cerca de los pequeños, propios y ajenos ambas no dejaban de fumar conjuntamente, tirándolos al pasto cuando se terminaron y para luego de un corto tiempo encender nuevos cigarrillos.
Pensé en ese momento ¡qué tristeza para esos niños que deben soportar la cobardía de los adultos ante un simple vicio que les consume la salud a ellos y a los que los rodean!
Por suerte se alejaron y mis hijos volvieron a su mundo de felicidad apenas empañado por estos adultos irresponsables.
Me quedé pensando en lo que debiera haber hecho de persistir la molestia de mis hijos ante esta insolencia de parte de los adultos que demuestran lo poco que les importa el prójimo.
Y Ustedes, ¿qué opinan?
Para su propia sorpresa había camas elásticas y uno de esos castillos inflables. En cuestión de segundos estaban a los saltos en una de las camas y mientras estaban en su mundo de diversión se aproximaron dos mujeres adultas con cuatro niños más pequeños que los míos.
Estos pequeños decidieron ir al castillo inflable mientras las dos mujeres que, por su aspecto, parecían la madre y abuela de algunos de ellos.
Sin haberme percatado de ello, mis dos hijos dejaron de saltar y se sentaron alejándose de estas mujeres, a lo cual les pregunté qué sucedía, explicándome que dado que el viento iba hacia ellos se sentían molestos por el humo del cigarrillo de las dos mujeres que hice mención.
Al observarlas me dí cuenta que muy cerca de los pequeños, propios y ajenos ambas no dejaban de fumar conjuntamente, tirándolos al pasto cuando se terminaron y para luego de un corto tiempo encender nuevos cigarrillos.
Pensé en ese momento ¡qué tristeza para esos niños que deben soportar la cobardía de los adultos ante un simple vicio que les consume la salud a ellos y a los que los rodean!
Por suerte se alejaron y mis hijos volvieron a su mundo de felicidad apenas empañado por estos adultos irresponsables.
Me quedé pensando en lo que debiera haber hecho de persistir la molestia de mis hijos ante esta insolencia de parte de los adultos que demuestran lo poco que les importa el prójimo.
Y Ustedes, ¿qué opinan?
viernes, 16 de abril de 2010
Alternativa para sentirse bien (y que los demás también)
En muchas publicaciones periodísticas, de diversa índole, he leído sobre los beneficios para la salud de hacer ejercicios físicos regulares; pues bien, aquí propongo hacer algunos ejercicios cotidianos para que no solo tú te sientas bien sino todo aquel que tiene contacto contigo:
1) Sonríe y ríe todo lo que puedas.
2) Respeta al otro como tú quieres que te respeten.
3) No busques las noticias fúnebres para saber que continúas vivo.
4) Ten comportamientos de bien común y no egoístas que solo te benefician a tí y perjudican a otros.
5) Reúnete con toda la familia y/o seres queridos todas las veces que puedas.
6) Detente a mirar a tus hijos y sal corriendo cuando percibas que te necesitan.
7) Intenta siempre llegar a las metas trazadas.
8) Esfuérzate en descubrir que el dinero no es el único motivo para vivir.
9) Recuerda todo lo bueno de tu pasado, aunque sea poco, y olvida lo malo.
10) Recuerda permanentemente que siempre debes demostrar tu bien antes de recibirlo.
Si tienes otros ejercicios para realizar que comparten esta filosofía, no dudes en enviármelos para ponerlos en práctica.
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